Las prostitutas se enamoran zapatos para prostitutas

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A medio día voy por segunda vez. Y me hago otro viaje por ahí a las tres y media o cuatro y a veces me quedo por ahí hasta las ocho o nueve tomando agua bendita", remata Gilberto Lizarazo 'Mechas'. Es de piel canela, de unos treinta años, delgada y, aparentemente, muy alegre.

Todo es verde, salpicado por el reflejo de las luces rojas y azules que mantienen el lugar en penumbra. Dice que le gusta vestirse todos los días de un solo color, pero que el nombre siempre es el mismo. Las prostitutas, unas quince, casi todas muy jóvenes, le soban la barriga cuando se acercan a la barra, sin embargo esta noche parece que no les ha traído mucha suerte, a juzgar por los tres clientes solitarios que consumen jarros de cerveza.

La prostitución en este sector comenzó a principios de los El barrio se fundó y se consolidó entre y , y lo habitaban migrantes europeos, la mayoría judíos alemanes y polacos, como los Ciaphiro, Lilienthal, Goldestein. Estos construyeron edificios de cuatro y cinco pisos y arrendaron los apartamentos. Casi todos los nacionales se fueron hacia el norte después del 9 de abril del 48 y los judíos regresaron a Europa al terminar la segunda guerra mundial.

El barrio quedó, entonces, en poder de estudiantes universitarios, sobre todo costeños, que arrendaron los apartamentos. Luego apareció Villa Cecilia, una costosa y muy reservada casa de citas ubicada en una casa de dos plantas, a tres cuadras de la Caracas.

A esta le siguieron otras que ni las protestas callejeras, con acordeón incluido, de los estudiantes costeños, ni los sermones del cura pudieron erradicar. Al contrario, crecieron hasta salir de la relativa privacidad de las casas de citas, y de cierto recato en el vestir, a la exhibición callejera de encajes, pantys, brassières y desproporciones de la carne. Esta situación llegó al punto de que el comité cívico del barrio Alameda buscó un acuerdo con las mujeres de la calle 13A, paralela a la Caracas, para que estas, no se mostraran en las aceras en tales condiciones.

Desde entonces, a las prostitutas de la calle 13 A con 19 se las conoce con el despiadado nombre de 'Las enrejadas'. Los ñeros también caminan por estas cuadras, lo mismo que algunos ladrones a los que a veces corretean los uniformes policiales. La inseguridad en este lugar es tanta que los vecinos contrataron en una época a un grupo de vigilantes de overoles negros y botas militares para que patrullaran durante toda la noche.

Apenas caen las sombras, las minifaldas y las blusas de las prostitutas de la calle, por muy cortas y escotadas que sean, se ven recatadas ante el vestuario exhibido por sus competidoras nocturnas de las calles 23 y Del fondo de estas calles surgen figuras femeninas, espigadas, de cabello exuberante, la mayoría rubias, montadas en zapatillas de plataforma y de tacón aguja.

A pesar del frío, casi todas lucen ligueros y ropa interior de encaje, negra o blanca, sobre sus cuerpos delgados. En Guatemala el trabajo sexual se encuentra en un limbo legal. O en una hipocresía. Es legal que las personas vendan un servicio sexual, pero es ilegal que otra persona pague por ese servicio.

Así, con una ley inspirada en Suecia para proteger a las sexoservidoras y castigar a los clientes, en Guatemala sólo se traslada a la clandestinidad todo el trabajo sexual. Dos mujeres, una de 27 años y una señora de 45 años, nos comparten sus experiencias de la realidad del trabajo sexual y las condiciones generadas por la legislación en este país centroamericano.

Dos trabajadoras sexuales, en la zona 11 de la Ciudad de Guatemala. Son las 4 de la tarde de un jueves. Lucía da vueltas tranquilamente en una esquina en la zona 1 de la Ciudad de Guatemala para esperar que llegue un cliente.

Lleva una blusa rosada de manga larga, un pantalón negro y zapatos con cordones. También una mochilita negra. No se distingue de cualquier otra mujer que pasa caminando.

Aorillamos el carro y tocamos la bocina. Risueña y platicona, Lucía sube con un saludo alegre. El zumbido de la puerta de reja es estridente. Lucía se ríe del asombro del recepcionista cuando entra al hotel acompañada de una mujer y hombre, los autores de este texto y estas fotos.

Llegamos al cuarto 9 de unos 10 metros cuadrados sin ventana. Bajo la luz blanca neón y un ventilador hay una cama individual, una mesita y un bote para la basura. Lucía saca un estuche de su mochila. Es su kit de trabajo. Trae condones, lubricante y unas tijeritas. El año pasado, cuando Lucía se negó atender a un cliente sin preservativo, el hombre se enojó y la intentó estrangular. Por eso los traje a este porque aquí ya me conocen.

Lucía se sentó en la sombra, cerca de una panadería. Le pitó una camionetilla pequeña, verde. Después de negociar el precio y las condiciones del servicio, Lucía se subió y se fueron a un hotel cerca de la Avenida Elena en la zona 1. Allí el cliente se negó a ponerse el preservativo.

Me agarró el cuello con una mano y apretó. Con la otra mano me empezó a sobar el pelo. Era gordito y tenía todo su peso encima de mí, pero pensé que era mi oportunidad.

Si no, aquí me va a matar, pensé. Lo aventé y salí corriendo para el baño. La puerta solo tenía pasador. La ventanita del baño daba para un patio donde se miraba la recepción. Durante los 20 minutos que la policía se tardó en llegar al hotel, el cliente golpeaba la puerta delgada de madera del baño mientras le gritaba que Lucía se saliera. Casi botó la puerta.

Los agentes de la PNC nunca le tomaron los datos del agresor a pesar de las marcas en el cuello de Lucía. Les expliqué que soy trabajadora sexual y que él me atacó porque no se quiso poner el preservativo.

Sólo se quedaron viéndose entre los dos. No sé, como que si yo lo hubiera pedido, como si fuera mi culpa. Los agentes le pidieron que el agresor le pagara a Lucía, que si no lo iban a consignar. Le pagó a Lucía los Q75 que habían acordado antes de ir al hotel y se fue. Pasaron varias semanas hasta que Lucía se recuperó del susto. Describir el episodio hoy no le quita la fuerza y calidez que transmite esta morena cuando cuenta sobre su vida como mujer y trabajadora sexual.

Recuerda con una sonrisa cuando empezó hace casi una década en un bar que se llamaba El Dólar y la ingenuidad la primera vez que atendió a un cliente. Cómo el primer cliente le enseñó a poner un preservativo. Cómo se quitó toda la ropa sin saber que se cobraba por cada pieza y por el tipo de servicio.

Se recuerda que se acababa de graduar cuando una amiga la llevó al bar, y aunque no quería, aceptó el trabajo porque necesitaba dinero para su abuela que estaba enferma. Ahora se mantiene en una esquina en el Centro Histórico.

Siempre de forma independiente. El ataque el año pasado es el primero en su vida como trabajadora sexual y no le hizo cambiar su postura sobre su oficio.

Odio que me manden. Pero en mi trabajo, no. Es cierto, tal vez al principio yo no quería, lo hice porque mi abuela estaba enferma. No te salen trabajos, tenés necesidad, y tenés esa facilidad de conseguirlo. Incluso cuando tenía 19 años conseguí un trabajo como encargada en una empresa grande aquí en Guatemala y trabajaba en esto como un ingreso extra. Llevaba un año cuando un día mi jefe me humilló delante de todos.

Por eso, pensando en el futuro, en varias ocasiones ha intentado sacar un préstamo para iniciar un negocio que la pueda mantener al momento de retirarse del trabajo sexual. Se ponen todo raros, no saben ni qué decirme. Y no voy a cumplir nunca los requisitos que ellos piden. Un trabajo, carta laboral, estados de cuenta. Por la ley de extinción de dominio, el banco podría reportar los depósitos de Lucía y cualquier otro que ejerce el trabajo sexual legalmente, porque el origen del dinero viene de interacción ilegal; la remuneración por un acto sexual.

Le podrían decomisar todo el dinero. Pero Lucía es emprendedora. Excluida del sistema bancario, tiene otro plan para seguir trabajando por su cuenta y de forma independiente sostener su familia.

Pero yo sí quiero. Porque yo solo pienso en tres personas: Eran dos mujeres, veintañeras. Algunos medios apenas las mencionaron. Un par de fotos escalofriantes. Un par de líneas sin mayores detalles. Sin caras, sin nombres. Una mujer que se dedicaba a la prostitución fue asesinada el 1 de febrero. Por eso, especulaba un oficial de la PNC, no se prestó mucha atención al asesinato de estas dos mujeres en los medios de comunicación. Pero no es cierto. No fue un día particularmente violento.

La realidad es que los asesinatos a las trabajadoras sexuales no reciben mucha atención. Han pasado cuatro meses. Una de las asesinadas se llamaba Joselin Vasquez.

Era amiga de Lucía. En algunos de los hoteles de allí del Cerrito del Carmen, allí mismo les venden drogas a los clientes. Porque a veces los clientes te pagan también por drogarte. Joselin y Lucía se conocieron en en el Trébol, zona 11 de la capital. Joselin acababa de empezar. Contrario a Lucía, a Joselin nunca le gustó ser trabajadora sexual. Viko y Margarida son prostitutas satisfechas con su trabajo, aunque cada una de ellas lidia con "los estigmas sociales" de su profesión de un modo muy distinto.

Cuando se habla de prostitución la mayoría de hombres dicen siempre lo mismo: El problema es que esas condiciones no existen. Una trabajadora sexual responde a todo tipo de preguntas sobre su ocupación. Por Gonzalo de Diego Ramos 2. Por qué se recurre a la prostitución: Por qué la prostitución se ha convertido en un trabajo típico de clase media Por Héctor G.

El abogado que dejó el bufete para hacerse escort. Y le va mejor Por Gonzalo de Diego Ramos 1. Respondiendo al comentario 1. Recuerda las normas de la comunidad. Por Fecha Mejor Valorados. No admitimos insultos, amenazas, menosprecios ni, en general, comportamientos que tiendan a menoscabar la dignidad de las personas, ya sean otros usuarios, periodistas de los distintos medios y canales de comunicación de la entidad editora o protagonistas de los contenidos.

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El capitalismo neoliberal ha transformado la prostitución y la ha convertido en un negocio internacional con un alto grado de racionalidad en términos de beneficios y un modo de funcionamiento similar al de las maquilas. No existe evidencia ninguna que la ley este cumpliendo su objetivo. Queremos conocerlo un poco, cuéntenos acerca de usted: Dice que le gusta vestirse todos los días de un solo color, pero que el nombre siempre es el mismo. Mario cumplió su condena hace un año. No admitimos publicaciones reiteradas de enlaces a sitios concretos de forma interesada. Empecé a acostumbrarme al sufrimiento y a la violencia, empecé a no pensar para no sentir. Piden rebajas o que Fabi descuente el precio del hotel. Llegamos al cuarto 9 de unos 10 metros cuadrados sin ventana. Una gran parte de las mujeres en prostitución beben y toman drogas antes de los encuentros sexuales para poder sobrellevarlos. Casi botó la puerta.

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A Lucía también le regatean. Ofrece sexo vaginal a mínimo Q75 si sólo se quita el pantalón. Otros Q75 si es sin la blusa también. Por sexo oral cobra entre Q75 y Q Todos los servicios son de hasta 30 minutos.

Tampoco ofrece sexo anal. Tiene un ingreso promedio de Q1, por semana. Aparte de los clientes que la buscan en su esquina donde normalmente trabaja de 10 de la mañana a 5 de la tarde, Lucía tiene unos diez clientes fijos que la llaman durante la semana. La mayoría una vez a la semana, o cada dos semanas. Un cliente la llama hasta tres veces por semana. Todos son mayores de 30 años. Así lo prefiere Lucía porque tienden a tratarla mejor. Y su situación le permite escoger la calidad de cada cliente, y no la cantidad.

Es un amor de gente. Anteayer me dio Q y no hicimos nada sexual. Me acompañó a hacer unos mandados y platicamos. Y que ha recibido unas llamadas extrañas en su teléfono. Preguntó si yo lo estaba llamando, pero yo ni tengo su teléfono. Uno de sus clientes fijos la visita desde hace cinco años, es doctor y trabaja en otra ciudad en el IGSS. Le paga el taxi y a veces le lleva a hacer compras en el supermercado. Fue el primer cliente con quien Lucía se involucró no solo profesionalmente, sino emocionalmente.

Pero después yo dije, no me tengo que enamorar. A veces uno sí se enamora de sus clientes. La mayoría son jóvenes. Algunas con sus hijos entre sus brazos. Solo aquí reciben después de cada cita una caja de preservativos.

En otros puestos de salud les dan de 12 a Cuando hay mucho trabajo, Lucía gasta unos 50 preservativos, en comparación con solo 15 a 20 en una semana baja. Este centro ofrece prevención, asesoría y en caso de alguna infección de transmisión sexual, el tratamiento necesario gratuito; esto si no es VIH.

Me dio una enfermedad venérea, unas verruguitas, pero Dios es tan grande que me las quitó de encima. Como antes no se usaba mucho los condones. Muchos clientes piden sin preservativo. Prefiero irme sin ni un centavo porque no me quiero morir. Y así lo aceptan. Solo que los preservativos para mujeres no los dan en la clínica, y son caros.

Cuestan como Q25 a Q30 por uno en las farmacias. Eso si lo cobro extra al cliente. Pero hacerlo sin preservativo, no. No me voy a arriesgar. Si en dado caso el cliente tuviera VIH, me va a matar. En los meses siguientes, una ola de ataques a trabajadoras sexuales le quitó la vida a por lo menos 6 mujeres alrededor del Cerrito del Carmen.

Como el caso Vilma Fuentes, de 51 años, que fue asesinada el 27 de marzo en la 12 avenida y 2 calle, después de negarse a recibir un celular de dos personas en una moto. No entran en detalles. La indiferencia institucional caracteriza al trabajo sexual, y así las mujeres, que todos vemos en las calles, quedan invisibles.

La falta de un registro es un problema, explica Gabriela Tuch, defensora de la mujer de la Procuraduría de Derechos Humanos. Son muy pocos los temas que sí tienen una separación por su oficio. El caso de Joselin es un triste ejemplo de la consecuencia extrema de estos factores de riesgo. Fabiola trabaja cerca del Trébol y a ella también le ha tocado pagar extorsión.

A Lucía también en otros lugares del Centro Histórico. Cada cuadra tiene su cobrador. A veces es alguna mujer.

O sea hay un hombre que manda a los patojos, y de ahí pasa otra patoja cobrando con el cuaderno. Con el nombre de cada una. Pura lista de escuela. Hoy sí, hoy no. O también si la que cobra, no pasó todo lo que pagaste. Los conceptos se entremezclan. Redes de extorsiones que se benefician económicamente del trabajo sexual de las mujeres. Si no llegan a la cuota, las matan. La extorsión se convierte en explotación sexual indirecta. Sin embargo, se criminaliza la remuneración de cualquier acto sexual.

El objetivo es erradicar la prostitución para proteger a las mujeres de la explotación sexual y la trata. No existe evidencia ninguna que la ley este cumpliendo su objetivo. En las entrevistas realizadas para este reportaje se repite un patrón de contacto sorprendentemente frecuente entre trabajadoras sexuales y agentes de la PNC, caracterizada por abusos de poder, corrupción y violencia. Existen casos de agentes de la PNC que extorsionen a mujeres que se dedican a la prostitución, pidiendo dinero o servicios sexuales a cambio de no arrestarlas, o en el caso de mujeres de otros países centroamericanos, deportarlas.

Se basa en un argumento moralista que no evita los abusos. Así Guatemala se convirtió en uno de solamente tres países en Latinoamérica con sindicatos del trabajo sexual reconocidos por el Ministerio de Trabajo, junto a Colombia y Nicaragua. Ayer, la organización realizó un foro socio-político sobre los avances hacía el reconocimiento del trabajo sexual en Guatemala y el establecimiento de una ley que lo regule. Utilizar mi vagina para trabajar no significa que soy menos persona que cualquier otro trabajador.

Recomiendan la despenalización de los diferentes aspectos del trabajo sexual, los que que no impliquen la coerción, la explotación o la trata. En vez de regularizar condiciones en las que se puedan poner de acuerdo el patrono con los trabajadores, se estableció reglamentos que favorecen al proxenetismo. Hay que cambiar esa ley. Por eso es tan importante empezar con el sindicato y que la ley sea elaborada por las mismas trabajadoras sexuales. La reivindicación para las trabajadoras sexuales es positiva, asegura Gabriela Tuch, defensora de la mujer en la PDH.

Pero enfatiza que no se puede discutir el trabajo sexual sin reconocer cuales fueron las circunstancias externas o de su entorno que le han llevado a estos contextos de prostitución.

Existen muchas otras actividades económicas de las cuales se puede sospechar que personas que las ejercen vienen de contextos de vulnerabilidad que hayan limitado sus opciones. Pero no se discute si estas actividades deberían o no ser reconocidos como trabajo en base al contexto de los que las ejercen. Lo que se discute son las condiciones de trabajo.

Contratos, salarios dignos, horario, impactos de salud, etcétera. Esta pregunta filosófica, como lo categoriza el abogado Julio Prado, es el punto donde los grupos feministas se dividen sobre si estar a favor y en contra del trabajo sexual. Unas se oponen a la comercialización del cuerpo femenino y interpretan el comercio sexual como una imposición del patriarcado.

Argumentan que reconocer el trabajo sexual es permitir violencia contra las mujeres. Por otro lado, otras feministas argumentan que prohibir que las mujeres puedan disponer de su cuerpo incluso para ofrecer servicios sexuales es una imposición patriarcal. En el Cerrito del Carmen, una vez que llegaron al lugar de su trabajo, agentes de la Policía Municipal les negaron el acceso a las trabajadoras sexuales. Comenzó a hacer negocios con las sexoservidoras después de que una preguntó si podían trabajar antes de las seis de la mañana.

Desde ese día, preguntaba a otras mujeres: Compraba condones a un peso cada uno y se los vendía en Al día, en Limón 7 trabajaban al menos 60 mujeres, y algunas sostenían relaciones hasta 50 veces por jornada.

Al cobrador le daba igual. Mario afirma durante nuestra charla que las cuarterías operaban con el consentimiento de las autoridades locales. Como La Merced abarca un tramo de la Cuauhtémoc, "funcionarios de ahí también recibían una tajada", dice, "y los mismos policías nos avisaban si había operativo. Cuando los patrulleros molestaban a los clientes, decíamos que el comandante estaba con nosotros.

Cuando clausuraban, podíamos quitar los sellos". Al poco tiempo, Mario cortejó a una oaxaqueña de 26 años que le contó cómo había escapado de su padrote. La chica tenía una hija a su cargo. Con el fin de mantener contento a su nuevo novio, le entregaba las ganancias del día.

Pronto, su sueldo aumentó a 2 mil pesos diarios. Lo invirtió en ropa y drogas. Mario le regresaba un par de billetes a la oaxaqueña para que cumpliera con sus deberes.

Cuando quedó embarazada, el proxeneta cortejó a otra sexoservidora, la misma adolescente que lo recibió el día que llegó a La Merced.

Después, cuando se volvió una carga, Mario despachó a la primera. Los problemas en la cuartería comenzaron cuando Virgilio se percató de los negocios secretos de Mario y le exigió una tajada. Las sexoservidoras también le dieron la espalda. Estaban furiosas porque había hecho a un lado a su novia embarazada.

Ese mismo día lo acusaron con Doña Coco, quien terminó por echarlo. Acostumbrado a recibir dinero de varias manos, comenzó a salir con otra joven sexoservidora: Mario se había vuelto adicto a la cocaína. La situación se volvió insostenible. Ya ni siquiera se molestaba en tirarle una o dos frases bonitas de vez en cuando: Meses después, la mujer escapó. Mario buscó un reemplazo pero su mala reputación lo precedía.

Ninguna trabajadora quería tenerlo cerca. La solución, concluyó entonces, era secuestrar a alguna y padrotearla, aunque fuera a la fuerza. Luego de algunos días, encontró a su nueva víctima. Aprendió sus horarios y costumbres. Seria y trabajadora, era ideal para convertirse en su nueva novia. Ante la urgencia de una nueva fuente de ingresos, Mario tomó valor y se paró frente a la mujer, a unos pasos de la entrada de las cuarterías.

La tomó de la cintura, la levantó sobre su hombro y se echó a correr. La sexoservidora gritó, pataleó, pidió auxilio, pero nadie quería problemas con Mario. Ingresaron a la iglesia Santa Cruz y Soledad, a un par de calles de Limón. Estuvimos ahí unas tres horas, hasta que accedió.

Era el año Una mujer no bastaba y Mario conquistó a otras sexoservidoras. Les regaló flores, las invitó a cenar. El negocio familiar nació poco tiempo después, cuando una jovencita llamada Lourdes se enamoró de Fredy, el hermano menor de Mario. Eran vecinos del mismo barrio y Mario, atento, le propuso trabajar en La Merced. Lourdes se negó pero el mismo Mario no esperaba una respuesta positiva. Tenía un plan b.

Como a Fredy no le gustaba Lourdes, le dijo: Ella aceptó de inmediato la propuesta de vivir con Fredy y se mudaron a casa de Mario. Días después, el padrote insistió de nuevo pero la joven volvió a rehusarse. Luego le contó a Lourdes que la policía se había llevado a Fredy al reclusorio. Era una joven ingenua, dice Mario. Y entonces le recordó su propuesta de trabajo.

Aunque se resistió al principio, un par de horas después aceptó. Los primeros días, entregaba pesos. Quería ver a Fredy. Convencida de que su novio estaba en prisión, la joven se esmeró. Dos meses después reunía mil pesos diarios. Mario sobornó a personas del reclusorio Oriente para fingir una visita. Todo se trataba de dinero". Fredy fue citado en el lugar. Abrazó fuerte a Lourdes.

Fredy volvió a la casa días después y pidió a Lourdes continuar con su trabajo en La Merced. En ocasiones, la joven juntaba hasta 5 mil pesos en un día. Fastidiada, anunció a Mario: Tiempo después, Lourdes informó a Mario que una muchacha quería trabajar en La Merced. Se llamaba Teresa, tenía problemas en su casa. Después contraté a un chofer para que las llevara al trabajo y las trajera de regreso a mi casa.

Vivíamos en Neza", cuenta Mario. Un par de semanas después, Lourdes lo contactó con otra adolescente. Al día recibía unos 10 mil pesos".

Mario enamoraba y padroteaba a otras muchachas cuando tenía oportunidad. Si otros padrotes les exigían una tarifa y las golpeaban, yo hacía lo contario: Instruía a sus hermanos: Enrique también se incorporó a la banda.

Pasaba por las mujeres en la mañana y las llevaba a La Merced. En la tarde paseaba con su esposa y en la noche las recogía. Otro empleado se encargaba de vigilarlas durante el día. La farsa entre Lourdes y Fredy continuaba.

Ella, dice Mario, aprendió, como él, a ser astuta, con tal de complacer a su hermano. Cuando pasaban los clientes, les arrebataba alguna pertenencia: Teresa también contribuyó al negocio.

Anunció que dos jóvenes de su pueblo —en Actopan, Hidalgo— querían trabajar en La Merced, hartas de la pobreza y los problemas familiares. Mario, feliz, se compró un automóvil y comenzó a salir con Laura, una funcionaria del Seguro Social que estaba al tanto de sus negocios y vivía en la colonia Morelos. Después de las nueve de la noche, empleados y sexoservidoras pasaban a recogerlo a casa de su nueva mujer y frente a ella le entregaban los fajos de billetes.

Cuando Mario se despedía, Laura reclamaba:. Cuando estaban por dar vuelta en la calle Manzanares, notaron que una camioneta obstruía el camino. Había una buena cantidad de policías en la calle. No sería la primera vez que la librara. Ellas me ven como un ser humano. La verdad es que a veces los hombres te usan como un objeto.

Con ellos siempre tengo la guardia levantada. Soy parte de un grupo de apoyo. Conozco tanto las buenas como las malas historias. Tuve una amiga a la que dispararon en la cabeza por rechazar a un cliente. Algunas han sufrido mucho. Por supuesto, escuchar todo esto y presenciarlo de primer mano ha cambiado mi visión de los hombres. La verdad es que nunca me he sentido amenazada o insegura con una cliente. Tampoco es que crea que pudiesen conmigo, es solo que nunca temo que lo hagan ", confiesa.

Ante la cantidad de comentarios que la acusaban de generalizar, la usuaria matiza: En Titania Compañía Editorial, S. Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación.

Alma, Corazón, Vida Viajes. Las clientas femeninas son una rareza bien cotizada. Autor Miguel Sola Contacta al autor. Tiempo de lectura 5 min. Aunque no es legal, miles de españoles siguen recurriendo a los servicios de las profesionales. Seguramente se lo pensarían dos veces si escuchasen estas palabras.