Prostitutas en el cine contratar prostitutas

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Atención al final de este clip. Y a la tuya la encontré en la calle, Jaro. Aprovechamos el estreno de 'La bruja' para repasar algunas féminas que se han dedicado a la brujería en esto del séptimo arte. Una lista que va del cine mudo al terror juvenil, pasando por obras….

Una lista que va de la calenturienta 'Aquel excitante curso' a la sensible 'Un gran…. Canino se pasa a SiteGround. Apóyanos a partir de 2 Euros en Patreon. Este sitio utiliza cookies para mejorar su experiencia.

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Nunca he deseado ir a trabajar, ni siquiera una vez. Y no, nunca me excitaste durante el acto. Era una gran actriz. Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo. Podría haber ganado una medalla de oro por fingir.

Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. Del lubricante y los condones. Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello. No me interesaban tus excusas. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo. Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira.

No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable. De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír.

Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años.

Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído. Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba.

Así, después de hacer dos reescrituras del libreto, y de negarse a ofrecer el final optimista y edulcorado que reclamaba Touchstone, Lawton fue despedido y otro escritor, Stephen Metcalfe, fue contratado para hacer un cuarto borrador. Robert Garland realizó la quinta reescritura y Barbara Benedek la sexta y definitiva.

Las diferencias se van acrecentando en el final de la película. El guión original contaba con un desenlace bastante sórdido y muy alejado del final de cuento protagonizado por Gere y Roberts. En el libreto de J. Vivian desata su ira por tener que devolver el abrigo de pieles que era de alquiler, sin contar con la gran rabieta que llega cuando es consciente de que Edward se va de nuevo con su novia a Nueva York.

El problema es que Vivian sí había desarrollado verdaderos sentimientos por Edward, pero no era correspondida.

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